Cómo funciona realmente
El bono no llega a tu cuenta. Solicitas la ayuda, te la conceden como un crédito asignado a tu empresa, y después eliges un agente digitalizador adherido. Ese agente hace el trabajo y cobra contra el bono. Tú firmas un acuerdo con él y justificas que la solución está funcionando.
Esa secuencia importa porque invierte el orden en que mucha gente lo hace. Encargar la web primero y pedir el bono después no funciona: lo que se contrató antes de la concesión normalmente no es elegible. Si piensas usarlo, el bono va primero.
Las tres trampas
La primera es el periodo de prestación. El bono no paga una web y adiós: obliga a mantenerla operativa durante los meses que fije la convocatoria. Si el proveedor desaparece a los tres meses, el problema es tuyo.
La segunda es confundir el importe máximo con lo que te van a dar. El máximo es por categoría y por tramo de tamaño, y una categoría de sitio web no cubre lo mismo que una de comercio electrónico.
La tercera, y la más cara, es dejar que el bono elija el proveedor. Hay agentes cuyo modelo entero consiste en montar lo mínimo justificable y cobrar el máximo. El bono cubre un gasto; no garantiza que lo que te monten sirva para algo cuando acabe el periodo de prestación.
Qué hacer antes de pedirlo
Comprueba primero si cumples los requisitos de la convocatoria vigente y si quedan fondos, porque ambas cosas cambian. Después decide qué categoría encaja con lo que de verdad necesitas, no con la que da más dinero.
Y antes de firmar con un agente, pídele exactamente lo mismo que pedirías sin bono: qué páginas, quién escribe los textos, qué pasa con el dominio, qué se paga al mes y qué te llevas si un día te vas. Un bono público no es motivo para bajar el listón de las preguntas.