Las cuatro cosas de las que depende
Un presupuesto de web varía por un factor de veinte entre dos proveedores que dicen hacer lo mismo, y eso hace sospechar a cualquiera con razón. Pero la variación no es arbitraria: casi toda se explica con cuatro preguntas.
La primera es cuántas páginas distintas hay que escribir y diseñar. No cuántas hay, sino cuántas son diferentes entre sí: veinte fichas de producto con la misma plantilla son una página, no veinte.
La segunda es si hay que escribir los textos. Un negocio que llega con sus textos hechos se ahorra entre un cuarto y un tercio del presupuesto, y casi ninguno llega así. La tercera es cuántos idiomas, que no multiplica el precio pero sí lo sube de forma apreciable. Y la cuarta es si hay que cobrar dinero, porque el cobro trae consigo facturación, devoluciones, accesibilidad obligatoria y una conversación con tu gestoría.
Por debajo de 400 €
A este precio nadie está diseñando nada. Se está rellenando una plantilla comprada, normalmente en un constructor con cuota mensual, y la mayor parte del trabajo lo hace un formulario que te pide el logo y tres fotos.
Esto no es necesariamente malo: para un autónomo que solo necesita existir en internet y que lo encuentren por su nombre, una plantilla bien rellenada es infinitamente mejor que nada y se paga en un mes. Lo que hay que saber es que la cuota mensual del constructor no acaba nunca, que el diseño lo tienen otros mil negocios, y que salir de ahí más adelante cuesta dinero porque esas plataformas no dejan exportar.
Entre 500 y 1.500 €
Aquí empieza el trabajo a medida de verdad para un negocio pequeño. Una página larga y bien pensada, o una web de cuatro o cinco páginas, con textos escritos para tu negocio y no genéricos, la ficha de Google en condiciones y la web cargando rápido en un móvil.
Es el tramo donde está la mejor relación entre lo que pagas y lo que recuperas, y también donde más gente se queda corta por pedir lo mínimo. Nosotros no publicamos tarifa, porque la cifra que encaja en una web de una página engaña en una de ocho. Lo que sí publicamos es qué mueve el presupuesto, y te lo cerramos por escrito en 48 horas laborables cuando sepamos de qué proyecto hablamos.
Entre 2.500 y 6.000 €
Tiendas online, y webs con reservas o funcionalidad propia. El salto de precio no es por el diseño: es por todo lo que cuelga de cobrar dinero. Pasarela de pago, stock, envíos, devoluciones, facturación que cumpla la normativa española y accesibilidad, que para el comercio electrónico dejó de ser opcional.
Si alguien te ofrece una tienda completa por ochocientos euros, está montando un constructor con una plantilla y dejándote a ti el resto: la facturación, las devoluciones y el día que un cliente reclame. Eso tiene un precio también, solo que lo pagas en tiempo y más tarde.
Lo que se paga después
El coste recurrente es la parte que casi nadie pregunta y la que más sorpresas da. Un dominio cuesta entre 10 y 15 € al año. El alojamiento va de gratis a unos 30 € al mes según lo que necesites. El mantenimiento — actualizaciones, copias, cambios pequeños, alguien que conteste — está entre 30 y 120 € al mes en el mercado, según quién responda y con qué rapidez.
Y hay un coste recurrente que no se ve: si tu web está en una plataforma de la que no puedes exportar, la cuota mensual deja de ser un gasto y pasa a ser un alquiler. Merece la pena preguntar antes de firmar qué te llevas si un día te vas.
Y el Kit Digital
Si tu empresa cumple los requisitos de la convocatoria vigente y quedan fondos, el bono de Red.es puede cubrir una parte importante del coste de la web. El importe depende del tramo de tamaño de la empresa y la categoría solicitada, y conviene mirarlo antes de encargar nada, porque hay condiciones sobre qué se puede justificar.
Lo que no hace el Kit Digital es convertir una web mala en una buena. Cubre un gasto; no elige al proveedor por ti ni garantiza que lo que te monten valga para algo doce meses después, que es cuando termina la obligación de mantenerla.